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Marcos Ana: un poeta en las cárceles de Franco

 
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GIRON



Registrado: 01 Oct 2007
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MensajePublicado: 28 Abr 2009 23:56    Asunto: Marcos Ana: un poeta en las cárceles de Franco Responder citando

Marcos Ana: un poeta en las cárceles de Franco



Fernando Macarro Castillo es el verdadero nombre de Marcos Ana. El poeta relata su propia historia en estas memorias de la prisión y la vida. Sin duda, se trata de la vida de un hombre ejemplar.

Marcos Ana nació en 1920, en Salamanca, en una familia de jornaleros del campo. Tenía 11 años, y vivía en Alcalá de Henares, cuando fue proclamada la Segunda República, de lo que conserva un recuerdo festivo. Conoció a la Juventud Socialista escuchando un mitin de uno de sus dirigentes, al que acudió para repartir propaganda de una asociación juvenil religiosa a la que pertenecía. Recién cumplidos los 16 años, en enero de 1936, se afilió a la Juventud Socialista. Durante la guerra civil, fue un activo luchador del bando republicano, desempeñando diferentes funciones como dirigente de la JSU; “No, no necesitábamos aquella guerra, nos fue impuesta por los sectores más reaccionarios del gran capital...” En marzo de 1939, finalizada la guerra, y tratando de salir del país por Alicante, fue detenido y, posteriormente, con 21 años, condenado a muerte. En la cárcel fue sometido a numerosas torturas, y vivió el horror de las prisiones; “Se mataba fría, sistemáticamente. No era el acaloramiento de las pasiones desatadas. Era un genocidio frío y calculado” Desde entonces, pasó en prisión 23 años ininterrumpidos. Fue en la cárcel donde comenzó a escribir poesía, que conseguía sacar clandestinamente de la misma. “Decidme cómo es un árbol” es, además del título de su autobiografía, el inicio de uno de sus poemas más conocidos, escrito desde la cárcel, y en el que refleja su miedo por ir perdiendo el recuerdo de las cosas más elementales. Aún así, Marcos Ana siempre tuvo presente la necesidad de continuar con la lucha política, apoyando a los compañeros de prisión, creando instrumentos de organización y propaganda clandestinos (el periódico Juventud, la tertulia clandestina La Aldaba...), y ocupándose del trabajo político con los jóvenes de la cárcel. El poeta pasó por la prisión de Porlier, el Penal de Ocaña, la prisión de Burgos y la de Alcalá de Henares.

Así se convirtió en un icono de la resistencia antifranquista en España, desencadenando una campaña de solidaridad internacional a su favor. Sus poemas recorrieron el mundo antes de que él hubiera salido de la cárcel. En 1961 un decretazo de Franco, que anunció la libertad automática para los presos políticos que llevaran más de 20 años de prisión ininterrumpida, le permitió obtener la libertad, eludiendo definitivamente su condena a muerte. A partir de entonces realizó un intenso trabajo de solidaridad con los presos políticos, y de denuncia de las prácticas fascistas que todavía persistían en España. Realizando esta labor, recorrió América Latina y Europa. Estableció su residencia en París, donde fundó y dirigió, hasta el final de la Dictadura, el Centro de Información y Solidaridad con España (CISE). Tras la dictadura, Marcos Ana volvió a España, donde reside actualmente.

Marcos Ana ha sido siempre un ferviente defensor de su ideología; “Fui y soy un hombre abierto y razonable, en el Partido y fuera de él, en la cárcel y en la libertad, también en mi vida personal. He valorado y respetado siempre, sin sectarismo, la ideología de los demás. No soy un comunista acuartelado en mis ideas. Confío en ellas y por eso me gusta sopesar las de los otros.”

“Soy un ferviente partidario de la unidad porque solos no podemos construir el futuro. También en lo coyuntural, en el día a día, con los que no quieren o no pueden ir más lejos, para alcanzar objetivos parciales y andar juntos una parte del camino, ganar posiciones palmo a palmo, defender y resolver los problemas inmediatos de la gente. Pero además de esos objetivos sucesivos hay que ir preparando y construyendo esa unidad más profunda, para llegar al objetivo final, con todas las fuerzas de la izquierda, socialistas y progresistas y con los movimientos juveniles, que quieren cambiar la base de esta sociedad y el futuro de un mundo más justo y posible”.
_________________
“Si el provenir pertenece a la juventud, esta tiene el deber de luchar sin descanso por él”.
José Díaz Ramos

http://www.youtube.com/watch?v=TH9M9_KbeF8

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GIRON



Registrado: 01 Oct 2007
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MensajePublicado: 29 Abr 2009 19:05    Asunto: Responder citando

Marcos Ana: "Prefiero que no haya Ley de
Memoria Histórica a que nos den una miseria"



Foro por la Memoria

El 17 de noviembre de 1961, el comunista Fernando Macarro Castillo, más conocido como Marcos Ana, salió del penal de Burgos después de 23 años de sufrir torturas y vejaciones en varias cárceles y de que se le conmutaran dos condenas a muerte. Veintitrés años en las cárceles franquistas como preso político y dos condenas a muerte podrían minar sin duda la moral del más fuerte, pero no lo lograron en el caso de Marcos Ana, el comunista que traspasó los muros de la prisión con su poesía y que ahora, a los 87 años, publica sus memorias. "Nosotros fuimos los legales, los defensores de la República, y queremos que nos devuelvan la dignidad de una manera pública e institucional", dice Marcos Ana en una entrevista, en la que habla de su increíble vida y reivindica con pasión la Ley de la Memoria Histórica, pero no a cualquier precio: "Prefiero que no haya ley a que nos den una miseria", asegura.

Coeditado por Tabla Rasa y Umbriel, el libro se titula "Decidme cómo es un árbol. Memoria de la prisión y la vida", una obra que a partir de mañana llega a las librerías españolas y que en noviembre se publicará en América.

Marcos Ana es muy apreciado en Hispanoamérica. Los versos que escribió en los años de prisión se fueron publicando en numerosos países y se convirtieron en el grito de libertad de los presos políticos.

El 17 de noviembre de 1961, Fernando Macarro Castillo, más conocido como Marcos Ana, su seudónimo literario, salió del penal de Burgos después de 23 años de sufrir torturas y vejaciones en varias cárceles y de que se le conmutaran dos condenas a muerte.

Franco había decretado la libertad para los presos que llevaran encarcelados más de 20 años continuados y la triste lista la encabezaba Marcos Ana, cuyo seudónimo es un homenaje a su padre, Marcos, muerto en un bombardeo en el 37, y a su madre, Ana, que murió en el 43, angustiada por las condenas de su hijo. "Lo más duro y difícil para mí fue la libertad. Yo en la cárcel podía haber resistido cien años porque era como una piedra más, pero no estaba preparado para vivir ni para empezar a hacerlo a los 42 años", dijo Marcos Ana, que a sus 87 años está lleno de energía y conserva la mirada de un hombre joven. "Mientras hay proyectos, la vida sigue y yo aún tengo muchos". "No nos olvides, no nos olvides"

"No nos olvides, no nos olvides", le decían a Marcos Ana sus compañeros de prisión cuando lo dejaron en libertad, y el poeta cumplió sus deseos. Recorrió Europa y gran parte de América para promover la solidaridad con los presos políticos y para denunciar la represión que se ejercía en el franquismo.

En su casa de Madrid, y rodeado de litografías de Picasso y de Alberti, amigos ambos de Marcos Ana, el poeta recuerda cómo a los 16 años, en enero del 36, ingresó en las Juventudes Socialistas. Luego luchó en el bando republicano y cuando acabó la guerra, con 19 años, empezó su largo cautiverio.

Tras la guerra, "miles de hombres y mujeres eran conducidos como rebaños a las cárceles, a los centros de torturas o sacrificados masivamente en improvisados mataderos. Se mataba, fría, sistemáticamente. No era el acaloramiento de las pasiones desatadas. Era un genocidio frío y calculado", escribe Marcos Ana en sus memorias, cuyo prólogo es de José Saramago.

No obstante, este comunista convencido reconoció que "cuando estalló la guerra en la zona republicana se produjeron bastantes horrores, pero esa no era la política de la República ni de los partidos del Frente Popular; eran hechos que se producían aisladamente en las altas temperaturas de la guerra".

La venganza no ha sido nunca el motor de su vida, porque "no es un fin revolucionario ni un ideal político". "La única venganza a la que yo aspiro es a ver triunfar un día los ideales por los que he luchado y por los que tantos compañeros míos dieron la vida y perdieron la libertad", afirmó.

Anonimato de sus verdugos

Marcos Ana no dará "nunca" el nombre de sus verdugos, "porque no hay que remover las cenizas del pasado y, sobre todo, porque quienes me torturaron tendrán hijos y nietos y no quiero que paguen una culpa que ellos no tuvieron". Pero sí considera necesario que se apruebe la Ley de la Memoria Histórica y que "se anulen las condenas dictadas por el régimen franquista".

"Los presos políticos fuimos los primeros en aceptar la política de reconciliación nacional, pero una cosa es la amnistía, que era necesaria, y otra cosa la amnesia", añade. "La política es el arte de lo posible", y Marcos Ana cree que "por la situación de crispación" que se vive en España, "la Ley se va a quedar en nada".

Pero no valdrá cualquier cosa. "Prefiero que no se haga nada a que nos den una miseria", asegura este hombre que ha vivido "la vida dura pero noble de un revolucionario".
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GIRON



Registrado: 01 Oct 2007
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MensajePublicado: 21 May 2009 23:25    Asunto: Responder citando

La sangre vertida junta de la España republicana y la Unión Soviética socialista fructificará en una gran cosecha de comunismo. LO JURAMOS.‏

GRAN GUERRA PATRIA, LOS PATRIOTAS ESPAÑOLES Y RADIO MOSCÚ



En todo calendario ruso, el 9 de mayo aparece de rojo, como el Día de la Victoria. Para nuestro pueblo, esta es la fecha mas memorable de todos los hechos del siglo XX: la derrota del fascismo hitleriano en la que la URSS hizo una porte decisivo. Ello es sabido en todo el mundo, y entre ellos los españoles. Les invitamos a escuchar las notas del periodista Igor Kudrin, quien durante 10 años trabajó como corresponsal nuestro en Madrid.


Cierta vez me encomendaron, entonces un joven reportero de radio Moscú, entrevistar al conocido pintor ruso Borís Korzhevski. Durante algunos meses había trabajado en Cuba y, al término de su visita creó mas de 60 lienzos que versan sobre el país y sus habitantes. Después de aquella conversación, Boris me regaló un libro con reproducciones de sus trabajos que comencé a estudiar inmediatamente. El retrato de un joven demacrado, a todas luces europeo, llamó mi atención. “Es el poeta español Marcos Ana, a quien conocí en la Isla”, me explicó el pintor. Marcos Ana, siendo todavía un mozalbete optó por defender la república, resultó herido, cayó prisionero y fue condenado al paredón. Un tribunal franquista lo indultó dado que era un joven y lo arrojó a la cárcel donde pasó 23 años.
Transcurrieron 5 años, y encontrándome en Madrid como corresponsal tuve que cubrir cierta vez una conferencia internacional, a cuya tribuna subió una persona delgada y de cierta altura. Sus rasgos me sugerían a alguien, y de pronto recordé el retrato de Korzhevski. Después de la sesión me acerco al orador. “Gusto de saludarlo Marcos Ana”. Me miró con extrañeza pues lo saludaba un extranjero desconocido que es mas, lo llamaba por su nombre. Y yo le cuento la historia de como lo había conocido a distancia.


El pintor me había contado de manera breve, pero exacta la biografía del poeta. No sabía solamente que, en realidad, el personaje de su lienzo se llamaba Fernando Macarro. Marcos era el nombre de su padre, quien enloqueció al enterarse de la sentencia dictada contra su hijo. Y la madre se llamaba Ana. La buena mujer murió junto a los muros de la cárcel en la que Fernando desfallecía entre rejas. El poeta, al enterarse de que trabajo en radio Moscú me contó una interesante historia. Cierta vez, después de una tanda mas de interrogatorio, exhausto y sangrante lo arrojaron a una celda de la tristemente conocida cárcel de Carabanchel. No recuerda cuanto tiempo estuvo sin conocimiento sobre el piso, hasta que, en un momento sintió que por debajo de de la puerta de la celda le hacían llegar una tarjeta. A duras penas pudo leer en la semioscuridad. “Los rusos derrotaron a los fascistas en el Volga. Hitler tiene los días contados. Resiste como los héroes de Stalingrado…”. Desde entonces que de vez en cuando recibía Marcos Ana tales mensajes lacónicos pero que le acariciaban el alma. Mas tarde se enteró que uno de los guardianes que simpatizaba con los republicanos escuchaba por las noches las noticias desde Moscú en español, las que luego exponía oralmente o, en tres líneas en un papel que entregaba a personas de su confianza. Marcos Ana, quien había cruzado las puertas de la cárcel a los 19 años y la abandonó solamente a los 42 reconocerá mas tarde que, “las noticias que me hacían llegar ustedes eran para nosotros como bocanadas de aire puro. Ellas me daban, junto a mis camaradas en desgracia fuerzas y generaban esperanzas de vida…”.


En Madrid también, a principios de la década del 80, la casualidad me llevó a conocer a José María Bravo. Junto con sus amigos, miembros de la Asociación de Pilotos Republicanos, visitaba regularmente un café de esa capital, que sus colegan denominaban su “cuartel general”. Conversando tazas de café o copas de vino resolvían sus problemas e hilvanaban recuerdos. Yo escribía sus relatos que mas tarde eran transmitidos por Radio Moscú. Lamentablemente, las grabaciones hechas con la técnica de aquellos tiempos no se conservan. Entonces me enteré que había realizado estudios en la Escuela soviética de pilotos y, mas tarde, en cazas soviéticos junto con amigos soviéticos había protagonizado combates aéreos en los cielos de España. El lugar de los que perecían eran ocupados por ases no menos intrépidos. Después de la derrota de la República, algunos vinieron a dar a Moscú e inmediatamente pidieron ser enviados al frente. Así, unos continuando volando y derribando bombarderos fascistas. Otros integraban destacamentos guerrilleros con los que atacaban convoyes nazis y hacían volar por los aires trenes con armas y soldados enemigos. Cientos de españoles combatieron valientemente en distintas unidades del Ejército Rojo. Recuerdo como se enorgullecían por los títulos y condecoraciones soviéticas Francisco Meroño, autor de unos cuantos libros, entre ellos las Memorias, titulada “Así como fue”, y Antonio García Cano. Ellos me hablaron de su amigo Luís Lavin, uno de los tantos niños españoles que fueron traídos a la URSS para salvarlos de los horrores de la guerra civil. Al comienzo de nuestra Gran Guerra Patria tenían tan solo 16 años. Sin embargo, dos años mas tarde se incorporó a las contiendas aéreas.


Durante las conversaciones en ese café, los veteranos pilotos recordaron de pronto que su interlocutor era un corresponsal soviético que tenía relación con la radio. “Nosotros escuchábamos Moscú en el idioma natal en distintos puntos de Rusia y en toda Europa”, me contaba José Bravo. Es cierto que, como comprenderás, lo que menos teníamos era tiempo libre, pero cuando teníamos la posibilidad y un receptor a mano, inmediatamente sintonizábamos las ondas amigas. Y es nos informábamos no solo de la marcha de los combates contra los fascistas en todos los frentes, sino también de la deplorable situación en nuestra patria…”.


El 9 de mayo de 1995, junto con José y sus camaradas viajamos a las afueras de Madrid, donde en la fosa común de un viejo cementerio dormían el sueño de los justos y los valientes mas de un centenar de militares rusos que habían caído y perecido por la república española. Depositaron flores, alzaron una copa de Rioja en recuerdo de los héroes. Mas tarde, en la recepción organizada en la embajada de Rusia, muchos de ellos fueron distinguidos con la medalla conmemoratoria en homenaje del cincuentenario de la Victoria sobre el fascismo. El primer brindis que pronunciaron al unísono los veteranos de pronto rejuvenecidos fue el siguiente: ¡Por nuestra victoria común!
Hasta aquí las notas del periodista Igor Kudrin.



08.05.2009
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